
Después del día oscuro de Viernes Santo; la Iglesia espera silenciosa, vigilante la resurrección de su Señor. Espor eso, que hoy no habrá lectura bíblica, ya que no hay ningún tipo de celebración, salvo el rezo de la Liturgia de las Horas.
La Cruz yace solitaria en el Gólgota, la corona y los clavos están botados luego del suplicio, el cuerpo del Señor descansa en el sepulcro y las mujeres esperan su venida.
El Sábado Santo es el día, por exelencia, del silencio y de la esperanza, dos aspectos que hoy en día se han perdido a causa de nuestra forma de actuar en la sociedad.
En primer lugar, el silencio es la voz de Dios. El silencio es un don que nos cuesta mucho poder encontrar en el mundo tan turbulento y agitado. El silencio es el medio en el cual el cristiano se encuentra con su Dios, como el hijo pródigo se encuentra con su Padre. En uno de sus éxtasis, Dios le habló a Santa Teresa de Ávila, diciéndole que podría hablarle a tanta gente en el mundo; pero como hacen tanto ruidon, no escuchan si voz.
En efecto, el silencio nos ayuda a aislarnos, pero también a conectarnos cada vez más a nuestra realidad. Con el silencio dejamos de lado lo material de la vida, y con el silencio también somos capaces de observar de forma detenida cada una de las realidades que nos rodean. El silencio, justamente, es la voz del Señor que nos habla a través del corazón.
En segundo lugar, hay que destacar la labor fundamental de la esperanza. Como sabemos, es la segunda virtud teologal, es decir, virtud que tod@ cristian@ debe tener. La esperanza es la lámpara en medio de la oscuridad, que lucha débil contra el viento de la tiniebla. Esa llama de la esperanza no se debe apagar, y si esto llega a ocurrir, debemos encenderla de nuevo para que crezca con más fuerza.
Con la esperanza, nos acordamos también de nuestros hermanos que día a día están en un Sábado Santo, es vigilia silenciosa, en espera, perseverando en la llegada de la luz. Su esperanza está en el Señor y su confianza en su Palabra.
En este Sábado Santo, pidamos a María, estrella de esperanza y mujer que meditaba todo en su corazón, nos ayude a saborear este momento que nos regala el Señor; para que, luego de la espera, venga la alegría gozosa de la resurreción y de la luz eterna que discipa toda tiniebla.
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