Al pasar, vio a un hombre ciego de nacimiento. Sus discípulos le preguntaron:"Maestro, ¿quién ha pecado, él o sus padres, para que haya nacido ciego?". "Ni él ni sus padres han pecado, respondió Jesús; nació así para que se manifiesten en él las obras de Dios. Debemos trabajar en las obras de aquel que me envió, mientras es de día; llega la noche, cuando nadie puede trabajar. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo". Después que dijo esto, escupió en la tierra, hizo barro con la saliva y lo puso sobre los ojos del ciego, diciéndole: "Ve a lavarte a la piscina de Siloé", que significa "Enviado". El ciego fue, se lavó y, al regresar, ya veía.
Los vecinos y los que antes lo habían visto mendigar, se preguntaban: "¿No es este el que se sentaba a pedir limosna?". Unos opinaban: "Es el mismo". "No, respondían otros, es uno que se le parece". El decía: "Soy realmente yo". Ellos le dijeron: "¿Cómo se te han abierto los ojos?". El respondió: "Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, lo puso sobre mis ojos y me dijo: 'Ve a lavarte a Siloé'. Yo fui, me lavé y vi". Ellos le preguntaron: "¿Dónde está?". El respondió: "No lo sé". El que había sido ciego fue llevado ante los fariseos. Era sábado cuando Jesús hizo barro y le abrió los ojos.
Los vecinos y los que antes lo habían visto mendigar, se preguntaban: "¿No es este el que se sentaba a pedir limosna?". Unos opinaban: "Es el mismo". "No, respondían otros, es uno que se le parece". El decía: "Soy realmente yo". Ellos le dijeron: "¿Cómo se te han abierto los ojos?". El respondió: "Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, lo puso sobre mis ojos y me dijo: 'Ve a lavarte a Siloé'. Yo fui, me lavé y vi". Ellos le preguntaron: "¿Dónde está?". El respondió: "No lo sé". El que había sido ciego fue llevado ante los fariseos. Era sábado cuando Jesús hizo barro y le abrió los ojos.
Jn 9, 1-14
"... yo soy la Luz del mundo."
Muchas veces nos preguntamos unos a otros: ¿Que ha hecho éste para merecer eso? La respuesta de Dios no se encuentra en los actos sino en su voluntad... desde allí comenzamos ciegos: no poder contemplar el fin último de las cosas y las circunstancias nos arrebata.
Jesús, Luz del mundo en tinieblas. Manifiesta la lumbrera de su palabra y de su corazón con cada situación de miseria: pecado, enfermedad, muerte. Vio al ciego de nacimiento y se compadeció de él, quiso librarlo de sus ataduras y revelar la plenitud del Reino en la liberación de nuestras limitantes.
He allí que aparece el gesto: tierra y saliva, origen del hombre y sustancia de vida, esencia de la persona. Nuestros ojos sólo se abrirán cuando caigamos en la cuenta de nuestra condición de criaturas del Señor, hijos de un Dios que nos ha dado la vida mediante sus soplo. Sólo entonces podremos ir a la piscina de la verdad y lavarnos con el agua que abre los ojos del corazón.
Libres, esa es la invitación de este domingo. Libres de prejuicios como aún lo estaban los otros "ciegos" que se sorprendían de los milagros de Jesús; libres para dejar de ser ciegos a la luz de la verdad que se nos revela, libres para abrir los ojos a la realidad de la humanidad, libres para despojarnos de oscuridades y entrar en la única Luz que le da sentido al mundo: Cristo.