
"Aleluya, es el Señor, Jesús resucitó. Muerte, ¿qué ha sido de tu aguijón?"
Con la Resurrección del Señor hemos inicado el Tiempo Pascual, un tiempo cargado del jubilo y la gloria del Jesús que vive entre nosotros para siempre. Nuestra Iglesia se estremece ante tanto gozo, nuestra carne canta alabanzas, el mundo desborda de felicidad, nuestra vida se llena de la luz de Cristo.
"Vivo ya está el que murió en la cruz". La Resurrección, como nos dice Benedicto XVI, no es una teoría, sino que nace ésta de la fe y realidad de cada uno. La nueva vida de Jesús es un hecho palpable en nuestra historia y un hecho real que rompe con todos los esquemas arquetípicos de la sociedad.
Nuestro Dios no es un Dios de muertos, sino de vivos; y con esta realidad, también nuestra cotidianidad se llena y se renueva en cargadas fuerzas. Las almas saltan de júbilo, porque no estamos solos, estamos con el Señor; y si creemos en su Resurrección tendremos nueva luz en la oscuridad del mundo.
Que este tiempo Pascual nos llame a renovar nuestras fuerzas, muchas veces agotadas por el largo caminar, rutinario y sin aliento. La esperanza en el Jesús que vive reanima nuestro cuerpo y nuestro ser. Dejémonos llenar con la luz resucitadora de toda la Gracia que el Dios AMor nos ha concedido.
¡Reina del Cielo, alégrate, Aleluya;
porque el Señor, a quien mereciste llevar, Aleluya;
ha resucitado, según su palabra, Aleluya!
Ruega por nosotros, pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén
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