domingo, 5 de julio de 2009

No le creyeron por ser un don nadie

14º domingo durante el Año - Ciclo B
49º Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales

Jesús se dirigió a su pueblo, seguido de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, comenzó a enseñar en la sinagoga, y la multitud que lo escuchaba estaba asombrada y decía: «¿De dónde saca todo esto? ¿Qué sabiduría es ésa que le ha sido dada y esos grandes milagros que se realizan por sus manos? ¿No es acaso el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón? ¿Y sus hermanas no viven aquí entre nosotros?». Y Jesús era para ellos un motivo de escándalo. Por eso les dijo: «Un profeta es despreciado solamente en su pueblo, en su familia y en su casa». Y no pudo hacer allí ningún milagro, fuera de sanar a unos pocos enfermos, imponiéndoles las manos. Y él se asombraba de su falta de fe.

Mc 6, 1-6a


"Y era para ellos un motivo de escándalo"

Los "paisanos" de Jesús no lo podían creer. Es que era incomprensible que ése, aquel que vieron crecer junto a ellos, ese humilde carpintero, sea el Mesías esperado por el pueblo de Israel.

Vieron como Jesús creció en su familia, como jugaba con sus amigos, vivió la adolescencia y aprendió la humilde profesión de su padre, vivió con su viuda madre, hasta que decidió un día partir. Desde ese momento habían escuchado muchas cosas sobre él, cosas que no había hecho cunado estuve su tierra natal. Y al verlo nuevamente fue víctima del repudio.

Jesús sigue siendo hasta hoy motivo de escándalo, es el Mesías que viene a romper con todos los parámetros conocidos por el hombre y que se le vienen a la mente con la palabra salvación. Nos imaginamos un tipo de liberación gubernamental, un imperio glorioso, tal vez un poco utópico, incluso un "superhéroe" que está a la orden del día, esperando atender las urgencias que nos salgan al paso.

Jesús no es ése. El Cristo es un Mesías que no se presenta como un mago ni como un taumaturgo, sino como un hombre corriente, sensible, amoroso, humilde. Es manso y sencillo, no viene vestido en mantos de luz ni rodeado de mil legiones de ángeles. Para nada.

Descubrir a Cristo, el don nadie, requiere abrir nuestro corazón a aquel que fue despreciado en su hogar, aquel que fue criticado por lo pasado, por lo que fue y no por lo era o será. Descubrir a Cristo en lo sencillo, en lo cotidiano, en lo más pobre del mundo, en lo que nos parece normal, pero que debiera ser anormal. Allí esta el Señor, sin grandes majestades ni portentosas presentaciones.

Descubramos día a día el rostro de Cristo en nuestro alrededor, y no lleguemos a tratar de forma despectiva lo que vemos "generalmente". Puede que allí este el mismo Dios.



No hay comentarios:

Publicar un comentario