Solemnidad de Nuestra Señora del Carmen; Madre, Reina y Patrona de Chile - Ciclo BJunto a la cruz de Jesús, estaba su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien él amaba, Jesús le dijo: “Mujer, aquí tienes a tu hijo”. Luego dijo al discípulo: “Aquí tienes a tu madre”. Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa.
Jn 19, 25-27
"Aquí tienes a tu madre"
Nuestra Iglesia chilena se llena de gozo en este día; tiempo de honrar, de dar gracias, de pedir, de venerar. Y es que los chilenos tenemos mucho por qué agradecer, pero también mucho que pedir; tantas son las bendiciones recibidas, y muchas las necesidades que aún quedan sin saciar.
Y es que el amor de Cristo no podía ser más grandes. En el preciso momento en que su ser se desbordaba de inmensa ternura en la dolorosa cruz, es allí cuando nos entrega otro regalo: su propia Madre. desde ese momento somos hijos suyos, y María vuelve a ser madre, comienza su maternidad espiritual. Jesús nos entregó a su madre porque no quería dejarnos solos, vio que el mundo estaba necesitado de una madre, y nos dejó la suya.
Hoy en especial; la figura de María, bajo la advocación del Carmen, nos invita a amar a su Hijo y levantar nuestras voces en un canto de inmensa alabanza y gratitud por nuestra patria, pronta a cumplir 200 años de emancipación. Pero también la mirada de nuestra madre nos propone nuevos desafíos para el Chile que queremos. María nos pide seguir trabajando, mantenernos al pie de la cruz como lo hizo ella, caminar bajo el sol ardiente del sol o la tempestuosa lluvia del sur.
María nos quiere invitar a seguir luchando por un Chile más justo, despejado de toda corrupción e injusticia. No quiere ver más hijos suyos durmiendo en los rincones sucios de las calles, no más hijos presos de la droga o de la delincuencia, no más hijas con embarazos adolecentes o con sus pequeños desaparecidos, no más hombres y mujeres que se les remunera de forma inconsecuente, no más hijos suyos que prometen y no cumplen jugando con los sueños de tantos y tantas, no más hijos e hijas a lo cuales se les quita el derecho a la vida, no más un Chile que siendo rico en todo aspecto sea tan carente de valores fundamentales.
María, la discípula misionera, la madre, ella nos ayude a construir la esperanza en esta tierra suya que se ha consagrado a su nombre. Nos auxilie en los momentos oscuros de la vida, que sea ella la que nos alcance el mejor camino para llegar a su Hijo Jesús.
Oh María, escucha a tu Chile
que clama tu socorro.
Guíanos en la inmensidad de este océano
y llévanos a la otra orilla donde nos espera tu Hijo Jesús.
Tómanos de la mano, indícanos lo que debemos hacer
y lo que no debemos hacer.
Te pedimos por todos tus hijos e hijas:
artesanos, trabajadores, obreros, médicos,
niños, jóvenes, ancianos, políticos,
artistas, militares, dueñas de casa, madres,
padres, sacerdotes, religiosos y religiosas, laicos.
Por todo tu Chile que hoy se quiere acoger
bajo tu manto de ternura
y tu apoyo maternal. Amén.
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