Viernes Santo en la Pasión del SeñorEnseguida Jesús salió y fue como de costumbre al monte de los Olivos, seguido de sus discípulos. Cuando llegaron, les dijo: “Oren, para no caer en la tentación”. Después se alejó de ellos, más o menos a la distancia de un tiro de piedra, y puesto de rodillas, oraba: “Padre, si quieres, aleja de mí este cáliz. Pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya”. Entonces se le apareció un ángel del cielo que lo reconfortaba. En medio de la angustia, Él oraba más intensamente, y su sudor era como gotas de sangre que corrían hasta el suelo. Después de orar se levantó, fue hacia donde estaban sus discípulos y los encontró adormecidos por la tristeza. Jesús les dijo: “¿Por qué están durmiendo? Levántense y oren para no caer en la tentación”.
En medio de la noche que envuelve al monte de los Olivos, la figura de Jesús se aprecia suavemente por la luz de la luna. Su rostro doliente y con miedo son el reflejo de su corazón. El Getsemaní se ha convertido en el lugar de la prueba, de la tentación y del temor. El huerto es ahora el lugar de la Agonía.
Al empesar esta noche la jornada de Viernes Santo comensamos uniéndonos a ese Cristo que sufre en la soledad del huerto, luchando contra sus miedos, aceptando la voluntad del Padre que se vuelve cada vez más difícil de cargar, espantando los temores de la entrega.
Junto a él, nos unimos a tantos y tantas que hoy sufren la noche más oscura de sus vidas, aquellos que viven su Getsemaní en carne propia, en donde la angustia los ataca en cada momento, donde cada segundo se hace más difícil de vivir.
Pero, en la tiniebla del Viernes Santo surge nuevamente la luz que ahuyenta todo los miedos: aceptar, ante todo, la voluntad del Padre. Enfrentarse ante el silencio de Dios y hacer nuestro lo quiere él de nosotros. Tomar el trago amargo, acogerlo, apoderarnos de él. La clave para superar la agonía no es evadirla, sino enfrentarla y aceptarla, cargarla y seguir caminando.
Oremos, en este día de luto que ya inicia, por todos nuestros hermanos que sufren y que, de cierta manera, completan con su agonía la Pasión del Señor. Por ellos y por nosotros, para que Dios nos inspire el gesto y la palabra oportuna ante el desamparo y el miedo.
Ha comensado el Viernes Santo...
No hay comentarios:
Publicar un comentario