27º domingo durante el Año - Ciclo BInicio Semana de la Familia 2009
Se acercaron a Jesús algunos fariseos y, para ponerlo a prueba, le plantearon esta cuestión: “¿Es lícito al hombre divorciarse de su mujer?” Él les respondió: “¿Qué es lo que Moisés les ha ordenado?” Ellos dijeron: “Moisés permitió redactar una declaración de divorcio y separarse de ella”. Entonces Jesús les respondió: “Si Moisés les dio esta prescripción fue debido a la dureza del corazón de ustedes. Pero desde el principio de la creación, «Dios los hizo varón y mujer». «Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre, y los dos no serán sino una sola carne». De manera que ya no son dos, «sino una sola carne». Que el hombre no separe lo que Dios ha unido”. Cuando regresaron a la casa, los discípulos le volvieron a preguntar sobre esto. Él les dijo: “El que se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra aquélla; y si una mujer se divorcia de su marido y se casa con otro, también comete adulterio”. Le trajeron entonces a unos niños para que los tocara, pero los discípulos los reprendieron. Al ver esto, Jesús se enojó y les dijo: “Dejen que los niños se acerquen a mí y no se lo impidan, porque el Reino de Dios pertenece a los que son como ellos. Les aseguro que el que no recibe el Reino de Dios como un niño, no entrará en él”. Después los abrazó y los bendijo, imponiéndoles las manos.
Mc 10, 2-16
"Que el hombre no separe lo que Dios ha unido"
El Amor matrimonial recorre toda la Biblia, desde el Génesis (Adán y Eva) hasta el Apocalipsis (las bodas del Cordero). Dios crea al hombre y a la mujer en igual dignidad; el encanto mutuo los lleva a la unión con la que prolongan la vida en la maravilla de la creación.
Pero vino el pecado y ensució tal belleza. Incluso en el Pueblo de Dios se introduce el divorcio. Jesús restituye el ideal inicial de la unidad e indisolubilidad: la ley es exigente y el divorcio se ha transformado en una plaga que se extiende sin cesar, matando familia, destruyendo hogares, acabando con la vida prometedora de los hijos. Aún cuando las leyes humanas tengan que regular situaciones que no responden al plan de Dios, nunca debe olvidarse el ideal que Jesús proclama.
Porque la unión va más allá del sexo. La profundidad del lazo entre hombre y mujer, antes y más allá de la unión corporal, debe ser la unión de sus corazones: más allá de la carne -sin negarla- está la amistad personal; y más al fondo, la caridad cristiana.
El Amor hay que cultivarlo y amar es nuestra mayor felicidad. ¿Por qué entonces se deshacen los matrimonios con tanta facilidad?... Lo que parecía amor no lo era. Y si lo era, se le dejó morir. Pero su muerte no es repentina: el amor no admite estancamiento; puede enfermar y, si no se pone remedio, muere.
A menudo la causa de ruptura es compartida, pero sería injusto considerar culpables a todos los separados. Muchos son víctimas y todos merecen la ayuda y acogida que necesitan. Sólo Dios puede juzgar, más allá de las decisiones con las que la Iglesia tiene que defender principios irrenunciables.
Qué misterio grande éste de un Dios que ha querido mostrarnos su Amor en el amor humano. Y es que "... el amor procede de Dios y el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios (...) porque Dios es amor" (1 Jn 4, 7-8). Le damos gracias humildemente, desde las entrañas, porque en nuestros corazones ha infundido el deseo sincero de un amor cariñoso, comprometido, abierto y fiel como el suyo. Oremos, pues, por todas las familias de Chile, para que su compromiso conyugal sea testimonio que el amor para siempre no es una locura. También encomendar nuestra plegaria a todos quienes piensan ahora contraer matrimonio, para que se unan de cuerpo y alma en la vocación del Amor.
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