26º domingo durante el Año - Ciclo BDía de Oración por Chile
Juan dijo a Jesús: «Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu Nombre, y tratamos de impedírselo porque no es de los nuestros». Pero Jesús les dijo: «No se lo impidan, porque nadie puede hacer un milagro en mi Nombre y luego hablar mal de mí. Y el que no está contra nosotros, está con nosotros. Les aseguro que no quedará sin recompensa el que les dé de beber un vaso de agua por el hecho de que ustedes pertenecen a Cristo. Si alguien llegara a escandalizar a uno de estos pequeños que tienen fe, sería preferible para él que le ataran al cuello una piedra de moler y lo arrojaran al mar. Si tu mano es para ti ocasión de pecado, córtala, porque más te vale entrar en la Vida manco, que ir con tus dos manos al infierno, al fuego inextinguible. Y si tu pie es para ti ocasión de pecado, córtalo, porque más te vale entrar lisiado en la Vida, que ser arrojado con tus dos pies al infierno. Y si tu ojo es para ti ocasión de pecado, arráncalo, porque más te vale entrar con un solo ojo en el Reino de Dios, que ser arrojado con tus dos ojos al infierno, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga».
Mc 9, 38-43. 45. 47-48
"El que no está contra nosotros está con nosotros"
Desde inicios de la vida eclesial, se ha podido observar como hay muchas personas que trabajan bien en la Iglesia: son colaboradoras, puntuales, creativas, etc. No hay nada que decir en su contra. Pero siempre llega gente nueva, y es ahí donde afloran los sentimientos de acogida o bien de envidia.El ser humano tiene a individualizar su trabajo y cerrarse en lo suyo. Que nadie nos quite lo que hacemos porque solo nosotros podemos hacerlo bien. Creemos que somos seres a los cuales por su labor se nos ha de rendir "pleitesía", que nadie nos moleste y que simplemente no se pueda compartir las actividades o bien darle oportunidades a nuevas personas.
La Iglesia es comunidad y, por tanto, no podemos andar por la vida con estas actitudes. El mundo necesita ahora y más que nunca una comunidad con los brazos abiertos a acoger a quienes quieran estar de nuestro lado. El mismo Jesús nos dice que si aquellos que no están contra nosotros es porque están con nosotros. ¿Porque hemos de dudar ante la llegada de nuevos integrantes a nuestras capillas, trabajos, etc.?
Por lo visto esto es una señal de temor ante el desplazamiento y el olvido. Pensamos que si dejamos a otro pueden reemplazarnos y quedar en el más absoluto de los abandonos; pero la realidad es otra, porque debemos procurar que más y más se integren a esta gran familia.
No cerremos las puertas a quienes prestan sus manos y su tiempo para la mayor Gloria de Dios. La Iglesia no es individualista, y por tanto unidos en el trabajo, congregados en el Amor de Cristo construiremos el Reino del Señor.
Que este día de Oración por Chile, en ayuda de María Virgen del Carmen, nos ayude a valorar la labor comprometida de cada uno y que nos impulse a trabajar todos unidos por la construcción de la Nueva Jerusalén que el mundo necesita.
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