25º domingo durante el Año - Ciclo BJesús atravesaba la Galilea junto con sus discípulos y no quería que nadie lo supiera, porque enseñaba y les decía: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; lo matarán y tres días después de su muerte, resucitará». Pero los discípulos no comprendían esto y temían hacerle preguntas. Llegaron a Cafarnaúm y, una vez que estuvieron en la casa, les preguntó: «¿De qué hablaban en el camino?». Ellos callaban, porque habían estado discutiendo sobre quién era el más grande. Entonces, sentándose, llamó a los Doce y les dijo: «El que quiere ser el primero, debe hacerse el último de todos y el servidor de todos». Después, tomando a un niño, lo puso en medio de ellos y, abrazándolo, les dijo: «El que recibe a uno de estos pequeños en mi Nombre, me recibe a mí, y el que me recibe, no es a mí al que recibe, sino a Aquél que me ha enviado».
Mc 9, 30-37
"... debe hacerse el último"
Esta última semana se ha visto envuelta de patriotismo y chilenidad con motivo de la celebración próxima de los 200 años de vida independiente de nuestro país. Muchos hemos participado en actividades que rescatan lo más rico de nuestra cultura e identidad, también muchos hemos oído las homilías de nuestro pastores que, a lo largo de todo Chile, han querido expresar en los respectivos Te Deum todas sus preocupaciones y sentimientos ante el desarrollo de la patria.
Pero, para rematar el final de estas celebraciones ha caído por coincidencia o gracia de Dios este Evangelio que cada vez que lo leemos nos mueve el piso y las entrañas, nuestra posición ante el Señor y el prójimo se ve desafiada por los cuestionamientos y la imagen que teníamos de nosotros se derrumba ante tanta exigencia.
Ser servidores no es tarea fácil. El servicio no es una "ayudadita" oportuna que salva en el momento, ni menos un favor obligatorio que nos hacemos unos con otros. El servicio corresponde de por medio una entrega generosa de nosotros, una aceptación y humillación ante los demás, una sumisión que solo Dios puede hacerla perfecta y un amor por el otro que hace que me olvide de mi mismo para ir en ayuda de los demás.
Ser servidores es una exigencia de todos los bautizados, una forma de vida para los cristianos y un camino ha recorrer para los discípulos misioneros. No debemos estar como los apóstoles, discutiendo quien era más importante, sino ponernos al servicio unos con otros, para que la Iglesia sea servidora del mundo en el mundo.
Oremos para que nuestro Chile sea cada vez un país en servicio, donde todos podamos algún día sentarnos en una mesa común y compartir un mismo pan. De manera especial oremos por la campaña hacia el sillón presidencial que se desenvuelve durante estos meses, que sean los candidatos ejemplo de servicio a la comunidad y que no busquen quien es más importante o que acapara mas votos, sino que propongan realmente a este país medidas que se adecuen a las necesidades todos los chilenos y chilenas en servicio en el amor.
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