IVº Domingo de Pascua - Ciclo B Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones
Jesús dijo: «Yo soy el buen Pastor. El buen Pastor da su vida por las ovejas. El asalariado, en cambio, que no es el pastor y al que no pertenecen las ovejas, cuando ve venir al lobo las abandona y huye, y el lobo las arrebata y las dispersa. Como es asalariado, no se preocupa por las ovejas. Yo soy el buen Pastor: conozco a mis ovejas, y mis ovejas me conocen a mí –como el Padre me conoce a mí y yo conozco al Padre– y doy mi vida por las ovejas. Tengo, además, otras ovejas que no son de este corral y a las que debo también conducir: ellas oirán mi voz, y así habrá un solo rebaño y un solo Pastor. El Padre me ama porque yo doy mi vida para recobrarla. Nadie me la quita, sino que la doy por mí mismo. Tengo el poder de darla y de recobrarla: éste es el mandato que recibí de mi Padre».
Jn 10, 11-18
"Conozco a mis ovejas, y mis ovejas me conocen a mí".
La imagen del Pastor era muy cercana para la gente de los tiempos de Jesús, y lo sigue siendo para nosotros. En la zona sur y austral de nuestro país podemos seguir apreciando como hombres y mujeres cuidan de sus rebaños como sus propios hijos: con anhelo, preocupación, cariño. Y este ejemplo nos quiere poner el Señor en este día, quiere denominarse el "Buen Pastor".
Mirando en nuestro alrededor nos damos cuenta que la enfermedad que está más de moda no es la diabetes ni cualquier tipo de traumatismo, sino que es la depresión. Antiguamente, solo tenían esta enfermedad los adultos, pero hoy podemos verla en los niños y jóvenes, incluso en los bebes antes de nacer. Pero, la causa es producto de nuestro pecado y nuestra lejanía con el Pastor: la soledad. La oveja que camina sola esta destinada a perderse en los caminos del mundo, sin la mas vaga idea de su rumbo; con razón la pregunta más consultada es ¿Hacia dónde voy? ¿Quién soy? ¿Valgo para los demás?
El Señor quiere salir al encuentro de la oveja que se pierde por otros caminos, rutas que la llevan a los peñascos de la desesperación y la soledad. Jesús las conoce, nos conoce a cada uno de nosotros; sabe nuestras fortalezas y debilidades, entiende nuestras alegrías y dolores. Cristo mismo se pone las sandalias, toma el cayado y camina, buscando entre los lugares más oscuros de nuestra humanidad nuestro ser. Nos toma en sus brazos, nos carga, toma nuestras debilidades, las acoge con ternura. No nos juzga, sino que recibe con el mayor de los amores, aquel amor que se da cuando da su vida por su rebaño.
En este tiempo Pascual, y durante toda nuestra vida, dejémonos encontrar por este Buen Pastor, para que acoja nuestras penas y angustias, para que nos tome y nos haga volver al rebaño, aquella que sigue a un mismo pastor y que descansa sólo en él.
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