
1º de Mayo - San José Obrero - Día del trabajador
"Jesús se fue de allí a su propia tierra, y sus discípulos fueron con él. Cuando llegó el sábado, comenzó a enseñar en la sinagoga. Y muchos oyeron a Jesús, y se preguntaron admirados: "¿Dónde aprendió este tantas cosas? ¿De dónde ha sacado esa sabiduría y los milagros que hace? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago, José, Judas y Simón? ¿Y no viven sus hermanas también aquí, entre nosotros?" Y no tenían fe en él. Pero Jesús les dijo: "En todas partes se honra a un profeta, menos en su propia tierra, entre sus parientes y en su propia casa". No pudo hacer allí ningún milagro, aparte de poner las manos sobre unos pocos enfermos y sanarlos. Y estaba asombrado porque aquella gente no creía en él."
Mc 6, 1-6
¿No es éste el carpintero... ?
Jesús, contextualizado en un sistema socio-político, quiere tomar parte durante su ministerio en la lucha social que se lleva a cabo en el mundo , la lucha ética y moral de los trabajadores y trabajadoras a lo largo de la Historia.
Muchas veces vemos a un Cristo lejano, frío, indiferente a nuestra realidad como seres humanos; incluso sentimos a su Iglesia alejada de el realismo con el que debemos vivir. Pero, meditando los pasajes de la Escritura, nos damos cuenta que Jesús es todo lo contrario: es cercano, acogedor, se conmueve ante la injusticia y lucha por la igualdad. El Señor convierte el Trabajo en Buena Nueva, aquella que nos santifica día a día con la obra de nuestras manos, progreso que es fecundado por Dios, desarrollo que ve sus frutos en nuestros hijos y en el país.
El Señor, a través de la lectura, se mostraba como el carpintero, aquel hombre de pueblo encargado de trabajar finamente la madera, darle vida útil, hacer de ella una obra maestra. Hoy, también Jesús quiere ser un carpintero para nuestra sociedad: quiere limar las asperezas, tallar los talentos, cortar los egoísmos, unir a los hermanos, hacer del mundo una obra maestra de amor.
Y la pregunta que cabe es ¿cómo hace esto? Sin duda alguna, el Señor santifica el trabajo, tal como lo hizo él en la creación, "y vio que todo era bueno". La obra de nuestras manos también es buena, la obra de nuestro esfuerzo también es excelsa. Pero, muchas veces, este trabajo se ve despreciado por el mismo hombre, que no sabe valorizar ni lo suyo ni lo ajeno. Porque el trabajo dignifica, siempre y cuando éste tenga una buena remuneración. Ya que no podemos pretender hacer vivir a una familia con un sueldo mísero, ni menos llenarnos la boca con subsidios cuando se sigue alimentando la limosna y la flojera.
Jesús es carpintero, obrero, pescador, campesino, ejecutivo, abogado, artesano, minero, barrendero, y cuanto trabajo exista; y mientras el trabajo no sea valorizado, el Señor seguirá luchando, a través de la acción de su Santo Espíritu, para que la mujer y el hombre sean dignificados con la labor al servicio de la comunidad.
María tampoco se queda atrás; como ella, hoy se sigue viendo la delicadeza, el amor, la perseverancia y la tolerancia de aquellas que laboran dentro y fuera de casa (porque la que trabaja adentro trabaja tanto o más que la de afuera). María, la madre, está presente en la dueña de casa, la emprendedora, la empresaria, la artesana, la costurera, la repostera, la cocinera, la mejor de las profesiones: la madre. Con ella, la mujer que se empeña, caminemos en este camino de lucha y conciencia; que será muy difícil, pero no si estamos con el Señor.
Que en este tiempo de "crisis económica (y moral)" tengamos la frente en alto, con los ojos puestos en el cielo, pero con los pies firmes en la tierra; para que, inspirados en la enseñanza del Señor Jesús y de su vida, podamos construir la sociedad que nuestros hijos necesitan.
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