VIº Domingo de Pascua - Ciclo BDurante la Última Cena, Jesús dijo a sus discípulos: «Como el Padre me amó, también yo los he amado a ustedes. Permanezcan en mi amor. Si cumplen mis mandamientos, permanecerán en mi amor, como yo cumplí los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Les he dicho esto para que mi gozo sea el de ustedes, y ese gozo sea perfecto. Éste es mi mandamiento: Ámense los unos a los otros, como yo los he amado. No hay amor más grande que dar la vida por los amigos. Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo servidores, porque el servidor ignora lo que hace su señor; yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre. No son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los elegí a ustedes, y los destiné para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero. Así, todo lo que pidan al Padre en mi Nombre, él se lo concederá. Lo que yo les mando es que se amen los unos a los otros».
Jn 15, 9-17
"Dios es Amor"
Con este nombre el Sumo Pontífice Benedicto XVI tituló su primera encíclica "Deus Caritas est", la cual trata el tema de amor de Dios a la humanidad y su relación en ella.
Como escuchamos durante todo el Evangelio, Jesús nos entrega un desafío claro: amar. Un verdadero reto para el contexto en el que vivimos y una preciada maravilla para tantos y tantas. Pero habría que cuestionarse si amamos o hemos amado alguna vez. O bien si es fácil amar.
Todo amor proviene de Dios porque Dios es Amor (1 Jn 4, 8) y nosotros hemos conocido su amor a lo largo de la historia, alcanzando su plenitud en Jesucristo, quien se entregó por nosotros, sus amigos, por amor. Este sentimiento tan hermoso y tan difícil de cultivar puede dar grandes frutos si se mantiene unido a quien es el amor en sí: Dios, el Señor. Pero este amor necesita un cuidado, un riego, una atención tan necesaria como todas las cosas vanas a las cuales les dedicamos tiempo sin siquiera pensar si estas nos llevan a Cristo. Ese amor debe dar frutos en nuestra vida, en la relación con los demás hermanos.
"No les he llamado siervos, sino amigos". Jesús, a través de su Misterio Pascual, rompe la relación Señor - Siervo que existía entre Dios y su pueblo, y fundamenta el verdadero sentido de la vida en el amor que nace del corazón. ¿Nosotros también llamamos amigos a nuestros hermanos? Valdría la pena preguntarse ésto en tiempos de "crisis económica", en la cual todos estamos necesitados de todos, oportunidad que nos debería hacer crecer como país, posibilidad para dejar de lado la indiferencia y empezar a sentir sensibilidad por los hechos ocurridos en el día a día, todo esto acompañados por un solo guía: el Amor, el Dios Amor.
Pidamos a María, la madre del Amor Hermoso, que nos ayude a amar como ella lo hizo, con sencillez, con ternura, con perseverancia hasta el final; para que podamos cambiar con ella el mundo en que vivimos ha una sociedad de vida, no de muerte. También pidamos al Señor, en compañía de María, por los hechos acontecidos últimamente con respecto al brote de esta nueva enfermedad provocada por el virus A H1N1. Que este padecimiento no se siga convirtiendo en la psicosis que está causando más temor y paranoia en los chilenos y el resto del mundo.