Solemnidad de la Santísima Trinidad - Ciclo BDespués de la Resurrección del Señor, los once discípulos fueron a Galilea, a la montaña donde Jesús los había citado. Al verlo, se postraron delante de él; sin embargo, algunos todavía dudaron. Acercándose, Jesús les dijo: «Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que Yo les he mandado. Y Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo»
Mt 28, 16-20
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
La Iglesia a iniciado el Tiempo Durante el Año o Tiempo Común. Este período se extenderá por largo tiempo hasta fines de noviembre e inicios de diciembre aproximadamente. La maravilla que tiene este tiempo es que en cada domingo, junto con celebrar la resurrección del Señor, se va analizando y descubriendo aspectos más más precisos de la vida como humanos y como cristianos.
En este tiempo de transición desde Pentecostés al Tiempo Ordinario se ha querido poner algunas Solemnidades de Transición, hoy es que celebramos a la Santísima Trinidad. Aunque realmente en cada celebración eucarística la invocamos, es necesario un domingo al año enfocarnos más en torno a ella.
Pero cabe la pena ver que es la Trinidad. Es, realmente, el misterio más grande de nuestra fe. En ella, misterio insondable del amor, se encuentra la fuente de toda fe y de toda gracia, es el motivo de la salvación y el centro de toda adoración. Es un don divino para el hombre.
La Trinidad, tres personas en una misma sustancia. Generalmente nos preguntamos: Si adoramos un Dios ¿Porqué tres? Bueno, para comenzar, es necesario tener apertura de corazón para comprender en parte este misterio. La Omnipotencia de Dios es muy grande para caber en nuestras pequeñas y limitadas mentes humanas. Pero quien nos hace confiar en este misterio es la fe, por algo es misterio, ya que no hay algo racional que lo explique, pero la fe, el amor a ésta nos permite creer y confiar plenamente.
El Padre. Es Amor, ternura, bondad, misericordia, Creador, acogida. Es nuestro Padre. Nuestro. Somos sus hijos, y por tanto, tenemos dignidad que proviene de él. Nos ama, nos llama, nos espera, porque somos sus hijos pequeños, infinitamente amados por él.
El Hijo. Es Amor, revelación, redención, libertad, Salvador, hermano, Señor. Es nuestro Salvador, es el Hijo único que se entregó por el mundo para que nosotros seamos hijos de Dios. Es el Hijo del Padre hecho Hombre, que comparte nuestra miseria, nuestra soledad y nuestro dolor. Nos redime, nos da la vida eterna y funda en el mundo a su Iglesia que camina peregrina en la tierra.
El Espíritu Santo. Es Amor, don divino, gracia, fuego, Santificador, paloma, brisa, agua, presencia. Está con nosotros, camina junto a nosotros, trabaja con nosotros. Su acción santificadora se mueve en medio de la comunidad: la Iglesia y nos da el entendimiento y la fortaleza para seguir un camino de discípulos misioneros.
Estos tres son Amor, y por tanto, la Trinidad es Comunidad de Amor, porque si Dios es Amor no podía estar solo. Es Uno y Trino. Es el que tiene tres personas en una misma naturaleza, que es inefable pero que se revela a la humanidad, no como algo lejano, sino como el Dios cercano a nuestras vidas y que quiere acompañar nuestro proceso de vida.
Que María nos ayude a comprender y poner en acción el Misterio de la Trinidad en el mundo, que nos convoca a ser comunidad el amor en la cotidianidad.