martes, 18 de agosto de 2009

Un fuego que enciende otros fuegos

Festividad de San Alberto Hurtado, presbítero - Ciclo B
Día Nacional de la Solidaridad

Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria rodeado de todos los ángeles, se sentará en su trono glorioso. Todas las naciones serán reunidas en su presencia, y él separará a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos, y pondrá a aquellas a su derecha y a estos a la izquierda. Entonces el Rey dirá a los que tenga a su derecha: «Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo, porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron; desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver». Los justos le responderán: «Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; sediento, y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos de paso, y te alojamos; desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o preso, y fuimos a verte?». Y el Rey les responderá: «Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo».

Mt 25, 31-40


"Urgido por la justicia y animado por el amor"

De esta manera expresaba este santo jesuita su empresa por la misericordia, por el amor al prójimo, por la solidaridad. Durante años, la figura del Padre Hurtado a calado a fondo en nuestra historia tanto personal como comunitaria, como país. Su historia ya es muy conocida y su fama de gran apóstol de la caridad lo ha hecho conocido entre tantos chilenos y chilenas.

Pero, mirando nuestra situación actual como país, cabe la pena volver a preguntarnos lo que dijo San Alberto, que causó mucha polémica: ¿Es Chile un país católico? Y hasta el día de hoy nadie se ha atrevido a responder este cuestionamiento que, sin lugar a dudad, nos llega a todos de una u otra forma.

Podríamos decir que con nuestras actitudes estamos siendo cómplices de la miseria de esta nación que muchas veces se jacta de tener ciudadanos felices, con una economía estable, con un futuro próspero, todo "color de rosa". Tal vez el Padre Hurtado nos diría que estamos llamados a preocuparnos por nuestros necesitados, por nuestro Chile que sufre día a día.

Ese es el testimonio de este gran santo. Como dijo Mons. Fco. Valdés Subercaseaux, primer obispo de Osorno: "El Padre Hurtado es un fuego que enciende otros fuegos". Y sin lugar a dudas su apostolado sigue más ardiente que nunca, más vivo que siempre, signo de la presencia real de Cristo Resucitado. Hoy, más que nunca, debemos estar también nosotros "urgidos por la justicia y animados por el amor", amor a una patria que le entrega lo justo y digno a cada uno de sus integrantes, que asegura el derecho a la vida "humana" a cada persona y que no pierde sus valores a causa de necias promesas ni falsas ilusiones.

Encomendemos nuestra vocación a María. Digámosle ella, junto con el Padre Hurtado:
"María mírame, porque si tu no me miras, él, que tiene sus ojitos clavados en ti, no me mirará"

No hay comentarios:

Publicar un comentario